viernes 25 de junio de 2010

Mi maestro

Yo sé que aún me recuerdas. Hace menos de una semana nos vimos, nos dijimos un "hola" y me dijiste un "adiós". Me pediste que dejara todo atrás, que olvidara todo. No me dejaste decir que no. Te lo digo ahora: No te olvido, no lo olvidaré.

Dicen que la relación maestro-aprendiz es una de las más extrañas, pues desde el inicio al final los papeles suelen invertirse continuamente. Tú has sido mi primer maestro, mi primer mentor. Me recogiste cuando no era más que un solitario muchacho que deseaba aprender, que quería saber más. Me tuviste bajo tu enseñanza por casi 3 años y me mostraste lo que el mundo ofrecía, lo que era ser una persona libre. Pero, tu tutela no duró por mucho más. Como todo alumno que desea saber más, me alejé de tu protección y busque conocer más. Lo hice. Con el tiempo, regresé. Ya no era el muchacho que conociste, sabía más ahora. Quizá nuestros papeles se invirtieron, pues yo conocía aún más de aquel mundo al que tú temías observar. Te mostré lo que aprendí y lo recibiste. Te negaste a aceptarlo todo, pero lo acepté. Sin embargo, la última lección aprendida en el dolor, que era lo más importante que tenía que ofrecerte, no la aceptaste.

Han pasado algunos días desde que partimos por rumbos diferentes. Aún espero tu regreso, no lo niego. Pero, lo que más espero, y con ansias, es que comprendas la última lección que debía darte, y que vuelvas, no como el aprendíz que fuiste hace unos días, sino como el maestro que tiene nuevas lecciones que impartirme.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada